El mejor momento no es cuando hay una crisis, sino cuando la empresa empieza a crecer, a complejizarse o a sentir que todo depende demasiado de pocas personas.
Si las decisiones se toman con información tardía, si los procesos no están documentados, si los cierres generan tensión o si el equipo directivo siente que opera más apagando incendios que dirigiendo, ese es el momento adecuado.
Nuestro rol es ayudar a instalar estructura, control y claridad, antes de que el crecimiento se convierta en un problema.